martes, 16 de enero de 2018

cuarto y mitad (ISS y Luna desde Adanero)

vale, hay nubes pero los claros entre ellas muestran un cielo cristalino. Claro que… eso por aquí, en Madrid.
No sé si arriesgarme. Son, algo más de 100 km, 200 y pico teniendo pensado volver. Después de consultar webcams de la zona y las previsiones, la cosa no pinta bien. ¿Qué hago? ¿merece la pena? ¿la foto merece la pena?. Bueno… eso contando que haya foto. Ya se sabe que aunque es una ciencia cierta, no siempre se acierta.
Lo voy a microconsultar con la almohada.

Mierda!!! me quedé sopa… ¿Da tiempo aún? Sí… no… creo que sí, aunque no llegaré al vídeo. Joder, está lejos ¿qué hago? ¿ y si hay nubes?

Estoy cansado, son muchos kilómetros y lo que se dice suerte, no sé de que va eso.

Venga!!! échale huevos!!!! a cargarlo todo; tres viajes al coche a trompicones con maletines, mochilas, más cuarto y mitad de legañas y esa tontería que tienen los sonámbulos y borrachos. 
¿Está todo? 
Sí. Arrancamos.

Aquí está. Ya llegó. Joder, mariposas cual enamorad@ escuchando a Pablo Alborán. Es posible que sea esta la sensación, sin la música por supuesto, la que me motiva y no la foto. 
Venga que voy muy justo y aún tengo que subir por el Puerto del León, ya que no me puedo permitir pagar el ladronicio del peaje para empresas privadas sin quitanieves, me lo reservo para echar combustible; que es como una inversión para crear más y mejores carreteras.

¿Dónde está el gasolinero? joder, la estación parece una escena de Walking Dead pero con electricidad. El tío no aparece y tengo que seguir ¡qué no llego!
UFFFF
¿lo estarán atracanco? Miro el plasma con las cámaras de vigilancia interior a través de la ventana de la caja, pero no veo ni rastro de vida. Me asaltan escenas y fotogramas de Tarantino; ensangrentado por las ostias recibidas, alguna posible amputacion y amordazado detrás de la máquina de café. Mientras dos maromos armadados, esperan a que me vaya para seguir robándolo todo.
¿Qué hago? Toca esperar, no quiero irme con esta angustia.

Ahhh…por fin… aparece. 
Aquí viene, algo descamisado. No parece un ladrón disfrazado y, si es el operario, solo vislumbra la coacción de tener que sacar para la letra. Es posible que venga de machacársela; la soledad nocturna y los efluvios de la gasolina, le habrán jugado una mala pasada. O puede ser uno de esos apretones post dieta navideña sin la previsión de haber cambiado el rollo. Qué más da: 

––ponme cuarto y mitad de diesel amigo, que ya me encargo de hacer yo tu trabajo a pesar de no tener carnet de manipulador.
Me la piro cual vampiro!!!!

Mira mi billete a trasluz y le pasa la uñita por su holograma y banda magnética; algo que yo suelo emular con el/los billete/s de vuelta, para decirle que es falso y me lo cambie. Suelen defenderse diciendo que no son billetes falsos (la verdad), a lo que respondo que no habrá problema en cambiármelos por otros entonces. Pero casi siempre se quedan con la duda siendo una forma de autodefensa y de tocarle un poco la moral a todos esos cajeros que suele desconfiar de mi papel moneda. Me parece una falta de educación y ética, exceptuando los rastros y mercadillos, ya que existen máquinas para detectar billetes falsos sin tener que poner al cliente en evidencia, ni en el escarnio cuando hay largas colas de espera, que no era el caso.
 No tengo tiempo para gilipolleces, otro día.

Lleno el depósito  con ese cuarto y mitad a trompicones por los gases y prosigo.

PI,PI,Pi… 3.1415 y cuarto y mitad, es la batería del móvil. Donde llevo los datos del tránsito. Mejor pasarlos a papel antes de que se muera, no vaya a ser... 
Por cierto, también estoy sin datos… ¡otra vez mi hija!.
Por cierto, ahora que recuerdo, ¡no he puesto el reloj en hora!.
Por cierto, ¡quién cojones me mandaría meterme en estos fregados!.

Como un zombie en busca de cerebros, prosigo mi viajecito y a ver que se me ocurre. Poner un reloj, exactamente en hora, tampoco tiene que ser tan difícil con la tecnología actual.

 Ocultar y negar la realidad, cuando claramente todo apunta al fracaso, es una de las cosas que he descubierto últimamente. Uno de esos grandes valores que no te enseñan en la escuela y, por eso mismo, he tenido que aprender de los gobernantes de nuestro país. Personajes todos ellos muy duchos en ciertas materias, que saben ducharse como nadie, cuando les salpica.
 Nunca flaquees, a pesar de que todo el mundo se haya dado cuenta de tu incompetencia. 
Cabeza bien alta; cual techo de teja vana. Es como mejor curan los chorizos.
Y, sobre todo… nunca, bajo ningún concepto, reconozcas tus errores.

Si a ellos les sigue funcionando en tantos años de malversación transición, es posible que para un tránsito también me pueda valer.

Joder, todavía sigo medio dormido.


––hola hija, me has dejado sin datos otra vez. Mira que te avisé que me dejes algo para estas ocasiones.
––(disculpas, disculpas, disculpas)
––¿qué hago ahora? estoy de camino y no puedo poner el reloj en hora.
––(disculpas, disculpas, disculpas)
––no, no me vale la hora del móvil, ni la del coche, ni la de la cámara. Te llamaré en un momento, cuando pueda parar y te indico. 
––(quejas, quejas, quejas)
––pues, aguantas un poco más despierta o te desactivo los datos.
––(negación, enfado, aceptación)

Así fue. En el alto de León, bajo la luz de un cielo limpio, a medio camino del eje central para el tránsito de la ISS sobre la Luna, pude hacer uso del gran avance tecnológico en el que estamos inmersos con la actual telefonía móvil.  
Mientras mi hija al otro lado del teléfono me cantaba los números que aparecían en Hora Parlante, pude sincronizar el reloj, no sin confirmarlo unas tres veces y teniendo en cuenta, posiblemente, medio segundo de retardo de telefonía.

Siguiendo la marcha, sintonicé Radio Nacional de España (la más fiable) para contrastar los pitidos horarios. Algo que me dejó más tranquilo aún sin saber si es el principio o final del último pitido de medio segundo de duración, sumado al también posible retardo de recepción de la señal en la radio del coche.

En fin, que poner el reloj en hora, tiene su aquel  sin una buena señal de internet.

Y con ese dilema, llegamos a aquel prado frío y seco de Adanero, con fuerte olor pastoso a estiercol en paladar, perfumado con urea frutal astringente de espárrago triguero en boca. 
Las nubes que no había en el viaje, se habían reunido todas justo allí y el viento hacía ondear mi cabellera sincronizada al unísono con el goteo de mocos de mi nariz. Todos eran impedimentos, pero ya estaba allí...

  Esa indescriptible sensación antes de saltar en puenting, ese tubo de ola a punto de partirse en tu espalda o aquellos instantes previos a pedir salir a la chica que te gusta. Joder, te sientes tan vivo, como desorientado montándolo todo y sigues negando la plomada de nubes creyendo que te tocará un claro. Y entre claro y claro, claro, llegó la ráfaga y en ella, a través de las nubes, un ángulo extraño en los paneles solares de la ISS.


Por cierto, el reloj, estaba con un atraso de un segundo y cuarto y mitad.  

2 comentarios:

  1. ¿Cuarto y mitad? Qué gran medida es ésa y qué gran sinónimo sería para emplearla en astronomía:
    ── Póngame, por favor, cuarto y mitad de Luna llena
    ── Enseguida. Marchando un creciente de Luna y poco más...¿Oído Jiuston?

    Cuarto y mitad es una medida de gran peso; popular, familiar, con evocación a sándalo, orégano y retrogusto en paladar a chorizo Revilla o mortadela de aceitunas. Cuarto y mitad de menguante, o de creciente, cómo el fértil Éufrates, el Nilo o el Adaja, al que naide ataja. Un cuarto y mitad de río al que fluyendo arroyos que por Adanero pasan van a parar al mar...previo intermediarios, claro.
    Para intermediarios, esa nubes que tuviste esa tarde, disparando en buena medida (cuarto y mitad) a la nave cuarto y mitad construida.

    Y a pesar de eso, qué nitidez se observa en la luna.

    Salud y Libertad, maese :|´

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  2. Admiro tu valentía. Yo me rajo siempre en cuanto me entran dudas e incluso antes. Claro que de suerte no ando tampoco sobrado. Como muestra, una conversación que tuve con mi socio de correrías:

    - El día que caiga un asteroide a la Tierra me caerá a mí encima.
    - Bueno, al menos podrás verlo de cerca...
    - No. Seguro que me pilla mirando al otro lado.

    Como de costumbre, enhorabuena, genio.

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