jueves, 2 de febrero de 2017

Orión no lleva tirantes

El Puerto de Navacerrada ––y creo que me repito–– es de esos lugares donde si no te gusta su clima, tan solo has de esperar cinco minutos.
El problema es cuando su clima sí te gusta y pasan esos cinco minutos sin darte tiempo a extender el trípode. En invierno, este amor odio, se potencia con sus nevadas y has de aprovechar cada sesión sabiendo que puede ser la primera y última noche en blanco del año.
Eso, si vas con una idea preconcebida, pero lo mejor es ir abierto a todas la posibilidades, y aquí sí me repito.


En ocasiones, las máquinas de las pistas, te dan pistas al fabricar para ti nubes de hielo cubriendo Siete Picos y al mismísimo Orión hasta la cintura. La naturaleza te brinda su sombra e inclina los árboles para ocultar la desmesurada luz artificial, al mismo tiempo que la congelación bloquea los anillos de enfoque y diafragma, haciendo crujir el objetivo junto con tu cerebro repleto de absurdas ideas. Este tipo de situaciones límite para un montañero de pacotilla, molan. Porque, al borde de la hipotermia, te vuelves un autómata que solo tiene que acordarse de pulsar el obturador y en qué bolsillo de las tres capas de ropa ha metido las putas llaves del coche. De lo primero nunca me suelo olvidar…pero "sorna" con gusto, no pica. Bueno, un poco, pero solo al descongelarse.

...5 minutos después

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