domingo, 23 de octubre de 2016

trashumancia

a pesar de los años que llevo en la Ciudad de Hebilla y Recorte, me sigue sorprendiendo el pánico atroz que los gatos, gatas y mininos tienen a la lluvia.
Puedo entenderlo en ciertas señoras de cardados de domingo eclesiástico y algún hipster de barba con alisado japonés de pestañas, pero el resto de reacciones que veo por la calle, son absolutamente desproporcionadas. Si no hubiese probado el goteo, diría que se trata de lluvia ácida, o que el madrileño es un ser alienígena como los de aquella película de Mel Gipson, Señales ––no debieron hacer un estudio previo, cuando unos seres que no soportaban el agua dulce quisieron colonizar nuestro planeta. Yo la hubiera titulado "Pocas Luces"–– Algo casi tan absurdo, como esa puta manía de querer colonizar Marte cuando en África, todos sabemos que no vive nadie y queda más cerca.

      Pues aprovechando que no descampó, he salido en busca de ovejas trashumantes a sabiendas que no habría mucho público por la lluvia. La decepción fue descubrir que también menguaron los ovinos, o vino tanta lluvia y tan poco pan pan, que Alvino* ni vino. 
      Un año más, este paseo ovejuno por las calles de la ciudad, es un evento irresistible en busca de contrastes.


*Alvino era un joven travieso y desobediente que no hacía caso ni al Tato, su padre.
El Tato, lo llamaba a voces todos los días a la hora de comer, pero Alvino nunca obedecía.
Cansado de su rebeldía e insumisión, el Tato, cogió un día su escopeta y disparó dos tiros al aire:
PAN…PAN…

y al pan pan, Alvino vino.

1 comentario:

  1. Sabía que te encontraría ahí y que si había fotos, ésas eran las tuyas.
    Sabia decisión la de Albino Blanco, que sí vino y, fue a por el vino, regreso con el pan...pam.
    (Andamos ocupados, por eso no fui a verlas)

    Tienes toda la razón sobre lo del desierto y Marte, pero en algo hay que tirar el dinero; si no cómo demostrar la inexistencia de ningún/algún D/dios.

    Saúdos

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