martes, 15 de diciembre de 2015

Cervantes, la estrella


––Siguiendo voy a una estrella
que desde lejos descubro,
más bella y resplandeciente
que cuantas vio Palinuro.
––Mire vuestra merced–– respondió Sancho–– que por estas latitudes será cosa imposible poder verla.Y miró don Quijote al cielo y apretó los dientes––que estoy por hacer un estrago en ti, que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes, de aquí adelante, en el mundo!
––Vuestra merced se sosiegue, señor mío, que bien podría ser que yo me hubiese engañado en lo leído al Lobo Rayado.
––Si os la mostrara––replicó don Quijote––, qué hicieras vos en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender, donde no, conmigo sois en batalla. 

––Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido; que si esta fuere canaria creeré, confesaré, afirmaré, juraré y defenderé todas las estrellas fermosas que vuestra merced me diga.

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