lunes, 13 de julio de 2015

ya!

llega un momento que dices: 
–ya!… ésta es

       Es seguro que se podría hacer algo mejor, pero no he podido no he sabido. Aunque la foto se aproxima mucho a lo que habías dibujado en tu cabeza, te queda esa duda interna de si el procesado es el más idóneo, seguro que no. Pero siempre con la certeza de que lo que aparece, estaba allí, en ese justo momento.

        Tu biorritmo, a punto de "gripar" baja de revoluciones. Como si acabaras de explotarte un gigantesco punto negro de tu cara o como se te queda el cuerpo con el desmesurado desalojo de un banquete de boda al día siguiente, fuere por donde fuere.
        Te enciendes un pitillo, te tomas un café y empiezas de nuevo a fotografiar, pero esta vez sin más pretensiones que las de disfrutar y seguir aprendiendo de la noche y su cielo… ¡qué cielo! 

        La búsqueda  de estos tres viajes a los Montes de Cabañeros estuvo bien y he rellenado archivo con alguna de esas fotos colaterales que suelen ganar intensidad con el paso del tiempo. No necesariamente por su calidad, sino por su poder refrescante del recuerdo. Cada una de ellas no deja de ser un nudo en la corbata o cambio de mano de la alianza, un pequeño piquito en un encefalograma plano que solo el fotógrafo conoce y puede disfrutar fototransportándose.  Eso mola, porque es lo único que nadie te puede robar, plagiar o vender a tus espaldas.






1 comentario:

  1. Excelentes fotos las suyas, en mi blog publico algunas de cuando en vez pero no tengo equipos como para buenas fotos nocturnas. Buen trabajo

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