viernes, 31 de julio de 2015

vagalumes (luciérnagas)

llevaba tiempo desde un accidental encontronazo queriendo fotografiar este espectáculo que pronto, como todos los pequeños espectáculos, acabará por perderse al recaer sobre ello algún desvergonzado impuesto energético.
Inquietantes vermes luminosos que, como diminutos led de cargador, alumbran sin conexión a la red en las sombras nocturnas de zarzales y matojos rocieros, con un parpadeo pausado y gradual. Una tenue luz verde, amorosa en las hembras y defensiva en las larvas (y larvos), que desaparece al brillo de nuestra linterna.Tan débil, que recuerda a las añejas puntas de aguja o puntos de hora fluorescente del viejo despertador analógico en la oscuridad del dormitorio. 
Pequeños gusiluz de apenas un par de centímetros de longitud, que junto a los luciérnagos* voladores y hadas (y hados); los ogros (y ogras), encierran en frascos de espárragos con agujeros en su tapa, para usar como  lámparas de escritorio.

Se me había olvidado lo fascinante que resulta acercarte a estos micro paisajes. Solo hay que transformarse en caracol (no caracola) arrastrándose de cúbito prono, liberar la cámara del trípode y colocarla "a pelo" sobre paja y hojarasca del bosque con un enfoque próximo, una sensibilidad extratosférica y silencio a infinito. Hermosas e improvisadas perspectivas que involuntariamente solemos aplastar con botas, trípodes y mochilas en nuestras sesiones nocturnas, sin percatarnos de su belleza ni de las batallas de vida, amor o muerte que allí se fraguan cada noche.
Cuando veo estas cosas junto con el festival de Eurovisión  …me emociono, pero sin llegar a llorar del todo.


*luciérnaga macho

1 comentario:

  1. Recuerdo la última vez que me encontré una por la noche... cada vez se ven menos y son un pequeño gran tesoro!

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