domingo, 31 de agosto de 2014

despidiendo al Escorpión


era sábado y entre mis propuestas de ocio en familia solté, como una de tantas veces, si alguien me acompañaría a hacer fotos a las estrellas…
mi sorpresa fue oír que sí; acostumbrado a rotundas negativas desde aquel fatídico eclipse lunar del 2011 donde no vimos nada, esta vez  podría ir acompañado por mis chicas a despedirme de Escorpión. 
Estaba ilusionado como pocas veces y mis intenciones eran las de hacer germinar en mi hija esa semillita de curiosidad astronómica. Mostrarles la Vía Láctea, tanto a ella como a mi mujer, antes de que esta se haga invisible y pasar una noche en plena Naturaleza creí que podría ser un buen plan.

Preparamos unos piscolabis para la cena: 1 kilito de pechugas de pollo empanadas, tortilla española de 30 cm de diámetro por 4 de espesor, ensalada pa los grillos, pan y bebidas. Es posible que Bear Grylls (el último superviviente) con esa suma calórica pudiera vivir a tutiplén 3 años en la Antártida, pero es que nosotros somos de buena boca, aunque cierta personilla tuvo sus dudas sobre si sería suficiente rancho y  se agenciaría a mayores una bolsa de chetos y otra de pipas para el camino… mi pequeña Carpanta.

La paliza del viaje nos la amenizó una puesta de Sol como pocas, con Parhelio incluido. Empezábamos bien, pero aquellas nubes a medida que atravesábamos la provincia de Toledo, no terminaban de disiparse del todo.

La noche hacía acto de presencia llegando al lugar y pudimos montar la tienda disfrutando de los reflejos de una Luna Cenicienta sobre las resumidas aguas del Embalse Torre de Abraham. 

Cenaríamos, con la Luna poniéndose sobre el horizonte en una de las mesas de los merenderos donde nadie recoge su basura. Y cuando la verdadera oscuridad se hizo… las niñas y el perro se fueron a sobar.

Salvo por la pechuga de pollo, no noté demasiado entusiasmo y es que competir con el último vídeo del gato tocando el piano de YOUTUBE o las proyecciones láser y fuegos artificiales de algún parque temático, es realmente difícil.
Un triste cielo estrellado con la repititiva banda sonora del canto de los grillos es algo demasiado aburrido para los tiempos que corren.
Aunque me queda la satisfacción de haberle mostrado a mi hija algo que con el paso de los años sabrá darle algún valor, o al menos presumir que cuando era pequeña una vez vio junto a sus padres la Vía Láctea.

2 comentarios:

  1. Ningún espacio es mejor que ése y compartirlo así es, tal vez, la experiencia más sublime que se puede tener. Satisfacción plena, de arranque total y absoluto. Para perderse galácticamente por siempre.
    Y tú no imaginas cuánto me alegro.
    Nada más lejano que aquel canto de pequeñas legiones paracaidistas cuando enseñando estrellas decían a quien...mirando.
    Un lugar, como pocos, oscuro desde el que se divisa el vacío espacial complementándose, ahora, en la mejor compañía.
    Y no imaginas cuánto me alegro...Cuando años atrás viajábamos compartiendo compungidos pequeñas dolencias y saudades que poco a poco se fueron resolviendo con animoso esfuerzo (o pienso yo, por mi parte).Infundiendo ánimos...Es lo único que tenemos.
    Y sabes de qué hablo, y sabes qué refiero.
    Me alegro tanto que ese vacío infinito más allá de las estrellas, sólo sea tirado ocho lejano y que el pantano se encuentre ahora lleno de las dos principales; únicos reflejos de estrellas próximas.
    De las ilustraciones nada qué comentar, aunque sabíamos que habría nubes, algunas menos la anterior; cómo siempre espléndidas.

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  2. Preciosas fotos ...
    Son ese tipo de imagenes que los "crios de hoy" siempre mirarán de otra manera cuando ojeen el albúm familiar.
    Saludos

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