miércoles, 5 de febrero de 2014

momentos adictivos


Siempre me preguntan que cojones hago por ahí. Solo. Perdido por los montes a altas horas de la madrugada y casí siempre, en invierno, con temperaturas intempestivas.
Entiendo perfectamente esas preguntas ya que yo mismo me las hago la mayor parte del tiempo. 
Para salir al paso respondo que hago fotos y suelo acompañarlo con una muestra de mi galería. Es entonces cuando el que formula la pregunta da un paso atrás y, si es profano en la materia, suele quedarse muy sorprendido al ver los colores de la noche. Parece que entran en razón al tener un muestrario que me respalda.
Pero en el fondo yo sé que los estoy engañando, la fotografía es una mera excusa;
un fin para justificar los medios...
realmente mi gran adicción es estar solo, lejos de la gente, los ruidos y las luces de ciudad.
Fundirte con la Naturaleza te permite disfrutar de momentos donde puedes percibir el movimiento de las estrellas a simple vista y la velocidad vertiginosa que puede alcanzar el tiempo en la noche. Pero existen otros momentos (los que menos) donde el tiempo se detiene por completo,  momentos que no se pueden fotografiar ni expresar con palabras. Un estado difícil de definir y que nada tiene que ver con la fotografía.
Una mezcla entre un deja vu y los segundos preliminares a una buena hostia en moto o bici... cuando vas volando por el aire. 
Ese estado de feliz somnolienta ingravidez atemporal que a la vez te hace sentirlo todo.

¿Es posible que sea este el famoso estado Zen? la percepción del aquí y ahora.
¿O quizás pequeños brotes de felicidad? una sobredosis natural de endorfinas.

He descartado ir a consultárselo al médico y que me diga que tengo algún virus o un escorbuto galopante... los médicos son así cuando no saben lo que tienes. 

Paso de ir al psicólogo y que me diga que es una de esas mierdas psicosomáticas porque de pequeño los reyes magos nunca me trajeron un mecano.

Si me meto en la iglesia, el cura me dirá que tengo falta de fe.

Así que he decidido llevar el coche al mecánico y que me meta unas buenas ruedas para la nieve... 

2 comentarios:

  1. Y qué tal te van esas botas?
    Son ligeras y calientes para el tiempo quieto o con el mismo dejan notarlo?
    Esa soledad, que como dice Mikel, es pura adicción de la que muchos no nos separamos...
    Pero los colores se pueden volver grises bajo el atento objetivo de un perro, eso dicen que así miran o ven o van
    Breves ss

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