viernes, 18 de octubre de 2013

confesiones de un infiel


creo que mi mujer sospecha algo.
   Y era de esperar; esas salidas con nocturnidad y alevosía a altas horas, tarde o temprano tenían que desembocar en esta situación.

   Salimos a tomar una relasing cup café con leche y sentados en la terraza la vi aparecer con esa insolencia deslumbrante que la caracteriza. No podía creérmelo,  ¡mi mujer estaba allí! y ella parecía posar con descaro cuando la mayoría de las veces soy yo el que tengo que corretear buscándola... y es que ¡cómo me pone! 
    Mi mujer estaba de espaldas y no se percató, yo hacía lo posible para que no notara mi nerviosismo y seguir en nuestras conversaciones. Deslicé mi compacta con sigilo y me puse a trastear con ella sobre la mesa sin perder el hilo de nuestra conversación; algo habitual en mi y que no levantó sospechas.
     Por un momento me entró el arrebato de intentar levantarme ya que las plantas del primer plano me impedían un buen encuadre, pero una simple inclinación hacia delante fue suficiente para esquivar un ficus y poner el enfoque sobre la antena de televisión.

     Volviendo a mi posición natural, un par de minutos después, me hice un plano más abierto que sirvió para esta panorámica. La luz de las farolas del parque ayudaron a este contraluz que parece natural... en ese momento eché de menos la Nikon y mi trípode, pero tenía que seguir manteniendo la compostura.
foto 2


     El café había llegado a su fin y por una vez en mi vida, tuve luces:
-¿por qué no pedimos una coca-cola? se está muy  a gusto aquí.
    Aproveché que fue ella quién buscaba con la mirada al camarero para hacer la siguiente. Imposible a pulso con aquellas palpitaciones y con todo el zoom extendido... parecía querer jugar conmigo al escondite entre las ramas.
foto 3

    Con los refrescos sobre la mesa, proseguimos nuestra conversación y una oportuna llamada de teléfono a la parienta, me dejó vía libre... 
    ¿es posible que ya estuviera en la penumbra? con las hojas, la Olympus se volvió más loca que yo y no pudo hacer foco, me resigne a lo que había. 
foto 4


    Ya de vuelta a casa en el coche, la vimos de frente sobre la ciudad. Aunque cubierta por un sutil velo de nubes, estaba más bella que nunca:
-¡mira que bonita está la Luna!
-Sí- respondí- ...hoy hay un eclipse.
-¿Y no sales hacerle fotos?
-No, hay demasiadas nubes... bueno... en el fondo es que prefiero estar contigo.

1 comentario: