sábado, 13 de julio de 2013

La Araña Lobo


Por algún lado leí hace tiempo, una de esas leyendas antiguas que contaban que por los perdidos senderos en noches con Luna podían verse pequeñas luminarias entre matorrales que al intentar acercarte, desaparecían.  Hay quién afirmaba que corrías cierto riesgo de enfermedad o desgracia si lo hacías.
Ya que estas lucecillas eran achacadas a elfos, duendes o hadas. Incluso a las almas de personas que en ese lugar habían encontrado la muerte y esa pequeña luz era el aviso de peligro para evitar dichas zonas de paso.

Es posible que haya mezclado cosas, pero más o menos he hecho un popurrí popular de lo que se viene a oír en diferentes partes de nuestro país e incluso del mundo.

La cosa era muy misteriosa hasta la llegada de Wikipedia y  de los frontales led... 
Esas pequeñas estrellitas entre la maleza, similares al brillo de la mica y feldespato del granito,  son producidas por el reflejo de la luz en el interior de los ojos de las arañas que en el momento de acercarnos desaparecen... o bien por un cambio en el ángulo de incidencia en los ojos del animal o porque este se las pira sin más. Este fenómeno es similar al efecto de los ojos de los gatos, señales reflectoras o cuando vamos sumamente mamados y nos disparan una foto con un flash de mierda. Ni las pupilas ni el algodón engañan...

Ayer en compañía de un Beato, tuve la ocasión de fotografiar a varias de estas arañas a la vera del pantano Torre de Abraham (todo un pasaje bíblico). Realmente si os digo que son centollos y esto es la ría de Viveiro, también podría colar. Y es que las dimensiones del animalito imponían cierto respeto máxime cuando íbamos en minishorts y zueco bajo.
La sensación de dejar la cámara a escasos centímetros esperando la exposición de casi un minuto en plena oscuridad no dejaban de provocarme cierto picor por todo el cuerpo. Sobre todo al finalizar la toma, encender la luz e intentar adivinar donde el susodicho centollo se había encaramado. La vera pedregosa estaba llena de lucecitas lo que significaba que allá donde pisares es más que probable que la cagares. 

Joder después de ducharme dos veces, todavía tengo los pelos de punta al recordarlo. De ahí que la leyenda, como casi todas, no dejara de tener parte de razón; y es que una picadura de lo que no deja de ser una pequeña tarántula puede traerte cierta desgracia y/o enfermedad. 
Así pues, si veis unas lucecillas al borde del camino... ¡¡¡no paréis!!! ¡¡¡ni os acerquéis!!! porque es más que probable que se trate de una Araña Lobo. Aunque también es posible que estas pertenezcan a un control de alcoholemia de la Guadia Civil... pero esa es otra historia que algún día contaré.

2 comentarios:

  1. Cielosanto, nunca había visto un centollo tan barbudo... Sí que vi las patas de uno gigante, que amedrentó hace unos meses a los ciudadanos ourensanos y que apunto estuvo de cargarse el puente viejo. Decía la noticia que, seguramente, al no poder comerlos, éstos están alcanzando tamaños nunca vistos.

    Un cielo espectacular, por cierto.

    tD1b.

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  2. Vaya FOTAZOS. Felicidades.
    Sencillamente creo que son nerviosillas...ja,ja,ja...mira, creo que son mas PELIGROSAS las arañas de Tigre o de la Vigen, cómo las llamamos por aquí http://anadelagua.blogspot.com.es/2013/08/arana-tigre.html?showComment=1378517758146#c6580452764027424239
    Saludos. PAZ

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