martes, 30 de julio de 2013

acampada ilegal


   Hace unos días me propuse llevar de acampada a mi hija y sobrino para mostrarles lo bien que nos lo pasábamos de pequeños en contacto con la naturaleza, sin tener que pagar ninguna entrada al zoo o parques similares donde puedes aliviar el sufrimiento de estos animalillos enjaulados comprándoles una bolsita de comida.
   Me fui a buscar una de esas tiendas de campaña que se monta en 2 segundos, muy práctica, aunque no indiquen que para recogerla necesitas cerca de 2 horas y cuatro años de carrera de papiroflexia. 
   Arriesgando el tipo y sobre todo el bolsillo por la multa que podría suponerme el estar en contacto con la naturaleza, nos buscamos un descampado que reuniera las condiciones necesarias para estar lo suficientemente a gusto sin que el seprona se presentase...
   Soy muy respetuoso con el medio y diría que con el entero. Con el tiempo me he dado cuenta que la pesca, la caza y la quema de rastrojos no es tan mala para el medio ambiente como nos la han querido pintar. Pero estamos viviendo una época tan absurdamente green light y ecologista que tener esta postura es de personas dementes y con poco amor por la naturaleza. Muchas de la leyes para la protección del medio, me parecen estupendas  y necesarias, gracias a ellas podemos observar (previo pago) especies que de otra forma habrían desaparecido… copito de nieve y el toro de Lidia Lozano.
   Pero hay otras  leyes que, en pro de una conservación y protección, provocan todo lo contrario. No se puede redactar decretemos siendo una simple rata, topo o mamón de biblioteca y sin consultar al pescador, cazador u hombre del campo que sabe más de esto que cualquier titulado con barba de 15 días y zapatillas de cáñamo. Algún día expondré con más detalle mi postura poniendo como ejemplo la Ría de Viveiro y demostrando como estas leyes han acabado con la vida de multitud de especies que la poblaron durante siglos prohibiendo ciertas prácticas de pesca centenarias que luego intentarían subsanar con una repoblación de especies inocuamente-invasoras que han hecho mucho daño sobre todo a los ríos. O como se ha multado con sanciones millonarias a pequeños mariscadores por intentar ganarse el pan en zonas que luego se han lapidado con puertos deportivos, muelles, chaletes de algún ministro o aquellos "pequeños hilillos" de los que ya nadie se acuerda. Y es que en esta época capitalística, la ecología también tiene un buen tirón (que se lo digan a Green Peace) y si se puede recaudar mucho a su costa con buenas leyes de costas… verde que te quiero verde. De hecho en breve, nos impondrán otro impuesto si intentamos generar nuestra propia energía limpia en casa… así andamos, en pro de unas cuentas en Suiza sostenibles.

   Siguiendo con lo de la acampada, fue de lo más nostálgica. Cenamos unos buenos chorizos asados en un improvisado horno de piedra (de esos que no dejan saltar chispas como la carretilla de otros). Y con la caída del Sol  pudimos observar la Luna con el telescopio. Ya dentro de la tienda entre olor a pies y pedetes les conté historias novelescas del Apolo XI, que sin saber muy bien si por fascinación o aburrimiento acabaron por dormirnos a todos. 
Nuestro perro guardián, me despertaría a eso de las 3 de la mañana sobresaltado por los gritos de una zorra… algo que ya conocía pero que nunca deja de inquietar por la similitud con el  grito de una persona zorra. Pude registrar el sonido en video…lo pondré algún día.
    La suerte era tener a los peques dormidos, porque si no fuera así es más que probable que la aventura hubiera llegado a su fin a modo de estampida en San Fermín… pobre de mi.
Desvelado, aproveché un claro en el cielo claro, para fotografiar la Luna y unas tomas nocturnas del lugar sobrevolado por enormes escornabois.
      La mañana llegó con un calor pegajoso acompañado de tábanos, moscas ladra y rastros cutáneos de picaduras varias. Aún así, nos calentamos un colacao con galletas y colaboramos todos en la recogida del campamento, dejando el lugar mejor que nos lo habíamos encontrado. 
Es probable que si algún guardabosques sepronero lee esto intente tomar represalias legales contra mi persona (multarme) por mis actos vandálicos, así que asumo el delito de haberles enseñado a mi hija y sobrino lo que es respetar y amar la naturaleza intentando formar parte de ella por una noche y limpiando la mierda que otros dejaron por allí antes de irnos. Asumo ser un fuera de la ley que ha acampado libremente quemando rastrojos secos que ya nadie limpia, excepto cuando se incendian. Asumo el haberle dicho a mi hija que si recibíamos la visita de los hombre de verde… nos pusiéramos de acuerdo en decir que no estábamos de acampada, si no de observación astronómica. Cuando ella sabe perfectamente que mentir… no se debe hacer nunca.

     Espero que jugármela de este modo haya servido para dejarles en su recuerdo una noche de verano que cuenten a sus hijos cuando los bosques hayan sido desertizádos por absurdas leyes de protección y el agua de los manantiales sea también privatizada.
Se puede apreciar a la derecha de la Luna, el planeta Saturno

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