sábado, 1 de septiembre de 2012

21%


Dicen que los perros acaban por parecerse a sus dueños… pues el peluche negro es mi perro, pero podría ser el de cualquier otro españolito, supuestamente  macho heterosexual.
Aguantó perfectamente los embistes del peluche canela y blanco sin inmutarse. Lo más embarazoso (algo imposible por otro lado) es que el acto se consumó en otro acto público,  un torneo de volei-playa, y las personas allí presentes se hartaron a reírse de la humillante situación. Incluso hicieron un pequeño comentario por megafonía.
Yo también me reí, porque hay que reírse de este tipo de cosas y no tomárselas muy a pecho. Pensemos que pudo ser peor… imaginaos un dogo o un san bernardo en vez del peluche color canela y blanco. 
La verdad que aquel día mi perro me dio una buena lección; cuando te jodan sin consentimiento, solo hay que relajarse y disfrutar todo lo posible pensando que la cosa puede ser aún peor. 

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