sábado, 10 de marzo de 2012

detrás de una foto



creo que es relajante y me atrevería a decir que tiene un cierto toque de ternura.

Detrás de un foto siempre hay una historia...
La descripción que daría como un fotógrafo serio sería la siguiente: 
Paseaba a última hora de la tarde con mi mascota por un descampado a las afueras de Madrid. El Sol bañaba con sus tonos rojizos los pastos donde me topé con esta tierna imagen de una yegua amamantando a su potrillo y la Luna como testigo.

La verdad siempre es otra:
Llevaba esperando la salida de la Luna cierto tiempo y dado que los caballos no se pueden colocar (la Luna tampoco) tuve que correr con el puto perro atado de la correa hasta una vaguada que me escondiera así el tendido eléctrico del horizonte. Por un lado evité unos matorrales colocándome de rodillas sobre cardos secos y la cámara la saqué sorteando unas vallas de madera donde se acercaron más caballos los cuales estuvieron babándome el objetivo, la cara, al perro y uno me pegó un mordisco a la mochila... sin mencionar el tener que esquivarlos para encuadrar. El potrillo no era tal, puede apreciarse que ya tiene pelos. Realmente esperaba la aparición de un caballo negro que si era espectacular pero para cuando lo hizo la Luna estaba muy alta y ya se hacía tarde para ir a recoger a la niña de sus clase de caballo.
Tiré unas 130 fotos y no llegué a nada... bueno sí... a que soy un auténtico paquete. 



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