domingo, 4 de diciembre de 2011

sucedió un 4 de diciembre


Saliendo de las astronómicas no soy dado a las efemérides, pero todos tenemos días que dificilmente se podrán olvidar.
Hace 11 años que mi mujer abría su negocio con todas esas toneladas de ilusión que conlleva. El mismo día que iba a comer un caldo de grelos con ella (me había quedado cojonudo). Fue el mismo día que me di cuenta de que no era inmortal, justo el mismo día que un coche patrulla de la Policía Nacional se cruzaba en mi camino rompiéndome muchos huesos y muchas de mis ilusiones también. Aquel mismo día donde supe que un error se debe perdonar, pero una mala acción para ocultarlo deja secuelas en el alma que no se olvidarán en la vida.
Quizás el mismo día que me morí en universo paralelo... quién sabe, en este lo hice en parte.

Hoy la Primavera ya se vende en la Plaza Mayor, a 2 euros si es grande y 1,50 si es pequeña.
Los mimos de la Calle Arenal se caen 
y a mi hija también le ha caído su primer diente de leche.
[No se si acabar esta entrada diciendo que "la vida continua" o "la vida es realmente maravillosa" algo que es muy repetitivo y poco original, unas frases hechas de las que tampoco estoy muy convencido.] Así que no hay final... y rogaría Señorías que las últimas declaraciones entre corchetes no consten en acta.



2 comentarios:

  1. La vida sigue y es así, con sus momentos buenos y malos. La única opción: disfrutar de cada momento, como si fuera el último

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  2. ummmmm hay dias que si son dignos de celebrar, ise dente de leite por exemplo, non se vé todolos dias que a unha pequena estrela lle caiga un dentiño ;)

    Bicos!!!

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