martes, 25 de octubre de 2011

buscando Oriónidas


Una de tantas lluvias de meteoros, en este caso vestigios siderales del cometa Halley. Algo así como encontrarte un rastro de zorro en el bosque o un olor a pedo en el "rastro de Madrid", sin duda rastros que dejan huella. Pues algo parecido le sucede a nuestro planeta cuando alcanza la órbita del ya famoso cometa. La entrada a grandes velocidades de pequeñas partículas de su estela en la atmósfera terrestre, hace que estas se "incendien" e iluminen nuestro cielo nocturno con un chispazo. Una estrella fugaz, tan fugaz que a veces no da tiempo a ver y tan tenues como en esta ocasión, que ni la cámara a 3200 ISO las pudo registrar.

Subí hasta Cotos y allí me perdí por un bosque cercano acordándome de la madre del iluminador de la estación de ferrocarril. ¿Para qué tanta luz? si a esas horas solo estaba yo... bueno no del todo.

Me topé con una vaca en un hermoso claro del bosque y no dude en acercarme para intentar retratarla bajo las estrellas. Aunque tengo algo de experiencia en estas lindes el animal en esta ocasión no se dejó alindar. El ruido del obturador la hizo levantar asustada y eso me asustó a mi ya que me encontraba en un desnivel considerable y temí por un momento que se echara arribada abajo hacia mi posición. Ese miedo a una muerte ridícula me hizo imaginar los titulares "Muerte en Cotos de un inconsciente (astrofotógrafo) aplastado por una vaca"... Que país este, lo que cambiaría el titular si hubiera sido en un ruedo... me harían un héroe.

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