martes, 29 de marzo de 2011

Los gritos de una zorra y el zumbido de los cormoranes

   Cuando estas aislado en el bosque, envuelto de total silencio y oscuridad, donde solo el haz de luz de la llama de un mechero te llega a deslumbrar varios segundos y el crepitar del tabaco encendido es ensordecedor, cualquier mínimo sonido es suficiente para que tu imaginación vuele. Siempre procuro no dejarme llevar por la sugestión de esas películas y programas de fenomenología paranormal que tanto me gustan, pero hay ocasiones que aunque abstraído con mis fotografías, algún ruidito por un instante me hiela la sangre... y no solo por el frío de la noche.
   Hará cosa de un año, en el embalse de Navacerrada oí los gritos de una mujer que procedían de un bosque cercano. Creo que la mejor comparación sería con los gritos que se oyen en el Exorcista. Esa voz rota, desgarrada... joder, por un momento mi idea era la de echar a correr hacia el pueblo en busca de la Policía Local o Guardia Civil y dar la voz de alarma. Pero lo que mas me chocó es que era el mismo grito y repetido cual grabación corta de 2 segundos escasos. Así que deduje que aquello no era humano... posiblemente algún ave. Contrastando la información con el tiempo descubrí que son los aullidos de las zorras (las hembras del zorro) cuando están en celo. Un par de veces me volvería a suceder esto y es de los mas "pelopúntico" que he oído en mi vida, bueno eso y la grabación clandestina de un exorcismo real... abofé
   Otra con zorros mas graciosa, fue tomando una foto en la Silla de Felipe II en el Escorial. Quieto en silencio y plena oscuridad, algo pasó rozando mi pierna y mi reacción fue la de ordenar a mi gato que parara de jugar... ¿mi gato?... iluminé inmediatamente y pude ver como pasaba un precioso zorro o zorra como Pedro por su casa, que realmente lo era ya que el único intruso allí era yo.
   Creo que su sorpresa al encontrarme en silencio y quieto fue mayúscula.

La del viernes fue bonita, era luna llena aunque con el cielo encapotado se podía ver algo mas y otra vez el silencio casi total, roto en ocasiones por algún cencerro lejano y las horas del reloj de Navacerrada (pueblo). Por el cielo percibí que algo se acercaba a gran velocidad. Busqué las luces del avión pero nada de nada y aquello pasaba por encima de mi cabeza. Como un idiota hice el amago de cubrirme con los brazos... joder... una bandada creo que de cormoranes, un ave que al parecer no solo vive en la costa y ha invadido recientemente, al igual que las gaviotas, estas latitudes. El sonido del aire fluyendo entre su plumaje es sorprendente... en que urbanita mas desgraciado me he convertido.
Superado el sobresalto, proseguí tomando fotos del embalse, obligado a hacer algún descanso cuando alguna carpa insomne decidía romperme este espejo de agua... que pena no estar despejado, los reflejos de las estrellas habrían sido brutales combinados con esa iluminación del fondo... ya llegará

una  semana después pude hacer esta otra foto



1 comentario:

  1. Bos días Dani:
    Incluso al más escéptico (entre los que me incluyo pincipalmente desde el punto de vista filosófico) algunas sorpresas nos podrían poner "pelopúnticos". Supongo es consecuencia de la falta de costumbre a la vida nocturna; no así a la nocturnidad espeleológica, de la que tengo muy gratas experiencias y las que me quedan.
    El perfil orográfico que se ve en tus daguerres parecen los de los cerros Almorchón de Abajo y de Arriba. El perfil de fondo de la Cuerda del Hilo, más cerca la línea de Peña Pintada que asciende hacia Maliciosa. Cumbre de Guarramillas con su faros "hercianolumínicos". Peña Gorda y Entorcal tras las luces de la localidad. la orilla del Navajuelo.
    Un árbol interrumpe pero no rompe pues tiene todo el derecho a ser aprendiz de navegante.
    En el firmamento nocturno las estrellas son puntos inmóviles, en el espejo del pantano del madero se desplazan al amarillo de fuego de la Garganta del Infierno.
    Como si de un gavial se tratara la Sierra cierra en perfecto reflejo a la espera de una víctima mejor. El árbol pide socorro, un matorral acude raudo mientras un astrónomo dispara y congela el instante. Nevada estaba la Barranca, elevados astrocopos distantes bebiendo reflejos en el agua donde su sed apagan.
    Deica logo amicus.

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