jueves, 10 de febrero de 2011

Menudo Cristo!

Un día surrealista...

Creo que si el propio Berlanga representara en alguna de sus películas la escena que he vivido ayer,nadie se la creería.
Buscando nieve en Navacerrada en pleno 12 de Junio, una idea creo que nada descabellada para el fin de semana que se ha presentado (6 grados en el puerto) se me ocurrió bajar a La Granja de San Ildefonso, un pueblo de Segovia que posee Un hermoso palacio con unos jardines muy fotogénicos. Pero el tiempo no permitió disfrutar de ellos ya que llovía y al ir acompañado con mi hija decidí volver de regreso a Madrid pero por otra carretera, que pasa al lado de una granja escuela donde hay gran variedad de animales y quizás allí podríamos parar. Fue en vano ya que esta estaba cerrada y proseguimos camino por la CL-601 hasta Madrid.
Recorreríamos un par de kilómetros cuando a mi derecha divisé lo que parecía una imagen de Jesús en la cruz en un enorme descampado. La lluvia había cesado, ví un desvío y no dudé en girar y acercarme a ver de que se trataba.
Aparque el coche a unos 200 metros y nos dirigimos a contemplar andando mas de cerca aquella silueta que de lejos me recordaba mas a una hoguera de San Juan que un santuario.

Y aquí es donde empieza la escena.
En la base de la imagen un matrimonio depositaba un ramo de flores, el marido rezó cabizbajo frente a la imagen y no tardaron en volver hacia nosotros con los que nos cruzamos y no dudé en saludar cortesmente, recibiendo como respuesta un mal gesto. Quizás por mis pintas... un melenudo con barba... que curioso.
A lo lejos una música muy dulce posiblemente proveniente de un fagot o clarinete, era un paso doble y a medida que nos acercábamos reconocí la melodía de Paquito el Chocolatero.
Ya a los pies del Cristo, pude ver que la cruz estaba hecha con un antiguo poste telefónico de madera que calculé que no duraría en pie mas de dos meses por su ángulo de inclinación. La imagen muy blanca parecía de mármol (imagino que sería escayola o algún tipo de resina), y en su base, un milladoiro recubierto de flores sintéticas, estampitas y algún rosario. A pocos metros un contenedor metálico lleno de tierra, un milano hacia círculos en el cielo para elevar su vuelo y mientras yo, intentando conseguir una buena foto de todo aquello que ya de por si me superaba, sin que mi hija arrancara ninguna de aquellas ofrendas.
La melodía había cambiado y pude reconocer a lo lejos que se trataba de un hombre que como lugar de ensayo, eligió aquel llano bajo un hermoso cielo plomizo de junio.

Tengo que volver de noche...

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