jueves, 10 de febrero de 2011

El palacio del Canto del Pico


   A la altura del km 30 de la A6, dirección A Coruña (en Torrelodones) podemos ver a mano derecha una colina pedregosa coronada por una especie de castillo.
Siempre me ha llamado la atención en todos mis viajes a Galleguilandia, y no fueron pocos los intentos por llegar allí. Con el tiempo fui abandonado la idea, pero un programa reciente de Iker Jimenez me volvió a meter el gusanillo y gracias a internet me puse a investigar para conocer un poco mas sobre su historia y sobre todo ver de que forma llegar.
Cuentan en diferentes páginas que este palacio lo construyó un coleccionista de arte Conde de Almenas allá por los años 20 sin ayuda de arquitecto alguno, pero si canteros de la zona, y recopilando piezas de granito de antiguas ruinas de diferentes zonas de la geografía española. La utilizó como vivienda y museo donde albergaba su colección de arte en su mayoría pinturas y esculturas.
En la Guerra Civil pasó a ser sede del bando Republicano y posterior mente el conde se lo regaló al Caudillo el que lo utilizó como segunda residencia cuando recibía algún soplo de atentado en el Pardo.
A la muerte del Caudillo (por la gracia de Dios) paso a manos de su nieta y esta, despues de vivir una temporada, lo vendió a una empresa Inglesa... etec etc... (y despues de hacer caja todo quisqui) acabó perteneciendo al Ayuntamiento de Torrelodones.
Yo lo único que sé es lo que he visto la noche del sábado pasado, y es un estado de abandono deplorable de algo que debió de ser majestuoso en su época y que cualquier otro país que no fuera del tercer mundo conservaría como una obra maestra, tanto el palacio (de estilo incalificable) como el planteamiento de sus jardines integrados con las formaciones rocosas.
Decir que es una finca privada, aunque yo pedí permiso a un agujero de su valla para poder entrar después de casi dos horas de alpinismo nocturno al mas puro estilo vasco. Realmente no se porque no dejan entrar ya que no queda nada para romper ni incendiar, aunque he de reconocer que ese abandono y sobre todo el tapiado de sus ventanas, le dan cierto aire a película de terror que sumado a los ruiditos nocturnos tenía su gracia... pero como mi intención no era pasar miedo, me puse a hacer fotos.



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