jueves, 4 de febrero de 2016

mi abuelo

era muy escueto, parco en palabras. Pero cada conversación con él, era un gran tutorial de esos que no comprendes en su momento y es el tiempo el que se encarga de darles forma. 

Observaba desde allá abajo como, apoyado en la cancela, se le iluminaba la cara a cada calada de Ducados. El mármol del portal era muy frío, aún en las noches de verano, pero estar en su compañía bien merecía aquella penitencia.
La Luna se reflejaba en la pizarra de la casa de enfrente y los dos la contemplábamos en silencio. Un silencio que siempre acababa por romperse con alguna de mis preguntas:


–Abuelo, ¿Por qué se mueve tan lenta la Luna?
–está lonxe.
–¿Más lejos que otros países?
–Sí.
–Pero ¿Cómo se mueve?
–Rápido 

Escueta respuesta que para nada respondía a mis inquietudes y proseguí:

–Pero ¿cómo de rápido?, ¿Más que un coche?
–Sí.
–Pero ¿Más que un coche con mil tubos de escape?

Sin entender muy bien porqué, mi concepto de velocidad le había arrancado una sonrisa. Y con ella aún en su boca respondió:

–Moito máis.

He de confesar que en aquel momento creí que mi abuelo me estaba mintiendo. 

Pero hoy, motivado por un correo esmeralda, he podido viajar al pasado del tiempo a través de la circumpolar que me ha trazado su reloj de pulsera. Aquel que una vez se le paró. Cuando dejó de predecir tormentas y siguió navegando, como siempre había hecho, guiado por el brillo de las estrellas. 

Hoy, me ha entrado una inexplicable necesidad por querer mostrarle a través de mi telescopio todo lo que él ya sabía.  Poder agradecerle así, el haber despertado en aquella y otras muchas noches esta enorme curiosidad.
Sería estupendo observar juntos, que la Luna se mueve más rápido que un coche con mil tubos de escape.


martes, 26 de enero de 2016

sombras de Luna

El día anterior la lluvia lo había estropeado todo, hasta un cruce bonito y cercano de la ISS. Nos quedaba la esperanza de una mejora para el sábado, pero amaneció un día londinense, blanquecino, sin color, y como otra de tantas veces arrugué todos mis apuntes digitales para tirarlos a la papelera. ¡Cuántos árboles cortados! Borrón y cuentas ¿qué me cuentas? seguro que algunas nuevas para un próximo mes.

          Fue a eso de las 3 y mucho o 4 y poco de la tarde cuando una luz azul invadió la ventana, un balance frío de blancos compitiendo con el tungsteno cálido de invierno y al ver aquel levantamiento de nubes mi moral también lo hizo y aquella agua de borrajas se convirtió en caldo gallego de navizas con buen unto y aquellos preparativos ya olvidados, volvieron a cobrar sentido desde la papelera de reciclaje.
         Íbamos con el tiempo y depósito muy justos, como el mes y mis ánimos, pero los cálculos de ruta estaban hechos ya desde las navidades. No nos pilló por sorpresa.
          Dejé al bueno de b:Deícar a los pies de la montaña y sus pies se pusieron en polvorosa y a pesar de ir bien cargado con un extra telescópico y tripié de otro gato, superó su propia marca. Hasta tal punto que recibí su llamada de haber hecho cumbre sin yo haber llegado a la localización desde donde haría la foto. 
          Todo bien, todo perfecto. Desde la falda de la montaña que me encontraba vi como la sombra de ésta, proyectada por el Sol a mi espalda, iba tapando la calidez granítica de la cima donde b:Deícar esperaba. 
          Saqué telescopio para acoplarle la zapata y montarlo sobre el trípode, pero al ir sacar el trípode, vi que no estaba donde debería. Busqué en la guantera y hasta en los bolsillos del forro polar por si las moscas, pero tampoco. Me lo había olvidado entre tanta prisa emotiva y ahora que no podía echar la culpa a las nubes, que las había amenazantes, no iba a permitir que todo aquel esfuerzo cayese en saco roto. Más que nada por la dura escalada de mi modelo, que por segunda vez era partícipe de aquella locura.
           Pero como todo lo que se busca con esfuerzo y dedicación, la cosa acabó saliendo. A pesar del sprint que me marqué por los estrechos arcenes telescopio al hombro. A pesar de aquella ridícula posición en cuclillas, con mi telescopio apoyado en la viga asesina y mutiladora de moteros de un quitamiedos de la carretera; la única visión esquiva de cables frondosos y árboles de alta tensión. A pesar de todos los coches que moderaban su paso al rozarme la espalda con las sospechas de la colocación de un nuevo radar.
          Pude sentir otra vez ese placer indescriptible del que está haciendo una foto para detener el tiempo, sin trampa trama ni cartón con pluma, con prisa pero con pausa y en el más atronador silencio roto por el obturador; sensible ruido que suele aparecer en estas fotos que a todo el mundo molesta y a mi tanto me llena de orgullo.
         …si te tapas los oídos, las escucharás mejor.


          La visión de b:Deícar sería otra bien distinta pero igual de cautivadora, al no poder atenderle el móvil en sus muchas llamadas por mi estado de agitación funambulista arcenera, no pudo conocer hasta minutos después que aquella gigantesca Luna había proyectado su silueta a 3 kilómetros y yo había dado con el eje de su sombra en la cima de la montaña.

martes, 12 de enero de 2016

Construcción de una cámara de gran formato I

Bueno… 
según dicen todos estos aliados hijos de la gran Suiza, al parecer ya estamos remontando la crisis. Es por ello que me he lanzado a la piscina (que no tengo) y tirando la casa por la ventana (que no puedo), me he comprado una cámara de gran formato.

Desde que era niño siempre me llamó la atención cada vez que me cruzaba con una señal de tráfico, "PAISAJE PINTORESCO" o "PUNTO PANORÁMICO", me invadía cierta curiosidad al ver aquel dibujo negro de un desatascador de fregadero representando una cámara de fotos. El que lo concibió, todo un creativo hasta nuestros días. 

Años después, con más pelos, era la impotencia la que me invadía al verme con una 35 mm colgada al cuello y saber que aquella cámara de 100 años tenía un pedazo de negativo mucho mayor, insuperable. Que si, que si, que yo podía tirar con mi carrete 12 fotos y con la de fuelle solo un par siendo rico… pero, ¿quién no ha preferido alguna vez sacrificar la compra de una traca de (12,24 o 36) petardos, por la compra del petardo más gordo y caro de la tienda?
Todo era más premeditado, y la preparación, muy cuidadosa. Solo había un intento, pero sin lugar a dudas aquella explosión era la que merecía la pena.
Pues eso es el gran formato, donde por una vez, el tamaño SIEMPRE importa.

La cosa es que he estado haciendo pruebas y he contratando a un modelo de esos que se lo ha comido la anorexia estas navidades. 

De acuerdo, la foto no vale ni para mostrar en el MoMA, a pesar del título: "Pan tumaca". Los desenfoques y falta de nitidez son muy evidentes al igual que el jamón, tampoco es pata negra.
Pero… ¿y si os digo que es un negativo de 50x70 centímetros? 
¿y que ese rectangulito verde equivale al tamaño del sensor de una cámara de 35 mm? aaaaaaaa….amigo… el concepto es el concepto, a los hechos me remito.


Que sí, que me voy a embarcar en la construcción de una cámara de gran formato. Aunque ésta ya ha cumplido su función como prototipo. Posiblemente la cámara 50x70cm más barata jamás construida.

domingo, 3 de enero de 2016

la ampliadora

Hace unos días rescaté de un contenedor de basura una vieja ampliadora. La gente que comete este tipo de actos de crueldad deberían de encerrarla y obligarla a chaparse un curso de esos infumables sobre el sistema de zonas durante el día. Y por la noche mostrarles pases con diapositivas de Ansel Adams de sus arbolicos y montañicas perfectamente positivados. En caso de negarse, obligarlo con aquellos alambres en los ojos que colocaron al protagonista de la Naranja Mecánica y sacar a un oculista del paro para que se encargue de controlar, con gotitas de suero fisiológico, que no se le resequen las corneas y así no pierda ningún detalle de lo que era la fotografía photoshopera cuando aún no existía el photoshop. 
       De verdad que se me parte el alma sabiendo que existe gente así.


       La he desmontado y limpiado a conciencia y es posible que la use como soporte para el taladro.
Ansel Adams BDeicar en la Sierra de Madrid

domingo, 20 de diciembre de 2015

buscando un pacto en el cruce de caminos

cuenta la leyenda que si al anochecer te alejas hasta las afueras de cualquier ciudad y  te colocas en un cruce de caminos a hacer fotos con tu telescopio, es posible que el disparo en ráfaga y el suave chirrio de tu montura, alerte a un misterioso hombre vestido de negro. Este aparecerá de entre las tinieblas, se acercará silenciosamente y, arrebatándote el telescopio, lo pondrá correctamente en estación enfocándolo de  forma sublime para acabar configurando tu cámara como nunca lo habías hecho.
A partir de ese momento tus fotos serán perfectas.


Como un joven bluesman esperé toda la noche en aquel cruce aprovechando para fotografiar el cometa Catalina, pero nadie apareció. Aún a sabiendas que tendré que dejar en sus manos mi alma a ese cabrón, lo considero uno de los pactos más legales que puedas hacer a día de hoy.

martes, 15 de diciembre de 2015

Cervantes, la estrella


––Siguiendo voy a una estrella
que desde lejos descubro,
más bella y resplandeciente
que cuantas vio Palinuro.
––Mire vuestra merced–– respondió Sancho–– que por estas latitudes será cosa imposible poder verla.Y miró don Quijote al cielo y apretó los dientes––que estoy por hacer un estrago en ti, que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes, de aquí adelante, en el mundo!
––Vuestra merced se sosiegue, señor mío, que bien podría ser que yo me hubiese engañado en lo leído al Lobo Rayado.
––Si os la mostrara––replicó don Quijote––, qué hicieras vos en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender, donde no, conmigo sois en batalla. 

––Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido; que si esta fuere canaria creeré, confesaré, afirmaré, juraré y defenderé todas las estrellas fermosas que vuestra merced me diga.