lunes, 10 de septiembre de 2018

Retrato utra gran formato con Charles Beseler 18"

poco a poco y a largos intervalos, me voy acercando.
En mi búsqueda de una lente apta para la cámara Besta, ha caído en mis manos una Charles Beseler 18" de un antiguo proyector de opacos posiblemente usado en un colegio en los 60, quizás también 70 y 80.
Izquierda Nikkor 50mm 1.8 -Derecha Charles Beseler 18"
Equivalente a un 450mm f/3.5 que sin duda aporta mucha más luz a la vez que reduce la profundidad de campo. Un gigantesco cristal, difícil de adaptar por sus dimensiones y peso; un pequeño inconveniente, que se olvida al reducir la exposición de 45 segundos a tan solo 4 y sobre todo al ver sus imágenes con esta proyección de atmósfera onírica y atemporal. 
elegante adaptador de Beseler a cámara Besta

Seguimos recuperando la práctica ya perdida en el revelado. Quedan también por hacer algunas mejoras en la cámara Besta y empezar a controlar parámetros de exposición con mi obturador de sombrero; algo complicado cuando las exposiciones se acortan tanto. Tocará construir uno.


lunes, 23 de julio de 2018

cuando un museo te solicita tus fotos


    Cuando recibes un mail del National Maritime Museum de Greenwich solicitándote cuatro de tus fotos ya premiadas en años anteriores, para pasar a formar parte de la Colección Nacional de Reino Unido… joder… pues te alegra el día en cierta forma.  Pero sobre todo, lo que más reconforta, es saber que tu trabajo resulta interesante para una entidad con esa solera. 

sábado, 26 de mayo de 2018

Más corruptos que estrellas puedes ver



No, no es ninguna de mis paranoias a la ligera. Para esta aplastante conclusión, he tirado muy por lo bajo. Tanto, que el titulo se queda muy corto realmente.

Pues investigadores y periodistas con mejores medios y muchos más estudios que los míos, calculan unos 160.000 políticos en nuestro país. Otros hablan de casi 300.000, pero como ya he dicho, voy por lo bajo. Ya me parece increíble que no haya un censo de quién vive de dinero público, pero dejémoslo ahí.

En un cielo nocturno despejado, sin Luna y libres de contaminación lumínica, se ha calculado que a simple vista, el ojo humano, puede distinguir unas 2000 estrellas.

Así, como todos sabemos y nos ha comunicado nuestro presidente Don Mariano Rajoy, los casos de corrupción, son puntos muy aislados en su partido. De esta forma extrapolo a los demás partidos; casos puntuales y aislados.
Basándome en sentencias y condenas firmes que todos vemos a diario, pongamos que, un dos por ciento de las personas que "viven con un buen sueldo de la política" son corruptos o bien malversan o han malversado algún fondo público. Se le haya pillado o no, estén blindados juridicamente o no.

Recalco que este 2% de corrupción es un dato bastante moderado, pero que no se diga… y que nadie se ría, que esto es serio.

Un 2% de 160.000 políticos que hay en España, son 3200 corruptos (en mayor o menor medida). Frente a las 2000 estrellas que podemos ver en un idílico cielo Star Light, son 1200 políticos corruptos más.


Joder, después de esto, no volveré a mirar al cielo de la misma forma.

miércoles, 2 de mayo de 2018

navegando por el Norte


Su rastro se hiló entre el viento y nubes de luz de la Estaca, aunque la suya era tan solo un reflejo de un inminente amanecer.
Quiso enhebrarse en las agujas castigadas por el nordeste para zurcir su salitre a la Polar, a la circumpolar, pero no dio tiempo.

A penas media legua de aquel mercante a toda máquina que redibujaba el horizonte y ya habría cruzado tres mares.

lunes, 9 de abril de 2018

el pincel mágico

Me encontraba junto a un buen amigo, también aerografista y pintor, en una feria rodeado de moteros y curioso a los que mostrábamos nuestra forma de trabajar.
Ribeteaba, fileteaba, perfilaba, pinistripeaba  un casco de moto, cuando alguien se acercó a decirme que ese pincel que utilizaba era costosísimo y que algunos podían acercarse a los mil euros para lograr esos resultados de perfección.
Así es––le dije levantando la mirada––éste incluso me ha costado más. 
Todos los presentes se quedaron ojipláticos mientras a mi interlocutor se le dibujaba una sonrisa al haberlo corroborado con mi respuesta. Su afirmación, había sentado cátedra entre los presentes y fue entonces cuando mi trabajo y pulso pasaron a un segundo plano. Aquel viejo pincel mugriento y despeluchado se había convertido en el centro de atención y posiblemente en un objeto de deseo consumista. ¡Qué espectáculo!!! ¡¡cielo santo!!!, ¡¡¡un pincel que ronda los mil y un euros!!!

Transcurrido un tiempo prudencial y acabado el ribete volví a responderle: 
––No, realmente este pincel fue comprado en un bazar y no pasó de 1,50 €


En ese momento la magia se rompió y el codiciado pincel perdió todas sus propiedades. A muy pocos les interesa practicar con mil y un ribetes durante años hasta llegar al bueno, pero casi todos estarían dispuestos a pagar una fortuna por un pincel mágico.


miércoles, 4 de abril de 2018

el árbol de Albo

y mientras en Madrid los árboles caen desarraigados por el viento y  por un terreno  reblandecido poco acostumbrado a tanta lluvia, en mi pueblo cortan un árbol centenario.

Acabar con la vida de un ser vivo, si consideramos un árbol como ser vivo, sin motivo aparente, es lo que diferencia al ser humano de los seres irracionales. Esa soberbia del "porque puedo" siempre me ha parecido muy de tradición. Que si es por tradición, creo yo, unos 150 años ya te convierten casi en patrimonio histórico, por muy árbol viejo que uno sea.

Me encanta este contrapunto de querer enverdecer una urbe y urbanizar un vergel. Quizás sea la distancia la que te hace ver este tipo de canibalismo urbano desde una perspectiva diferente, o bien esa especial sensibilidad que te da la primavera donde no sabes si reír o llorar. Cualquier día les da por soterrar la playa por una piscina o derribar un hermoso e histórico muelle por un pantalán de Ikea.


Vaya por el viejo árbol de Albo, testigo de tantas historias en Celeiro.

martes, 16 de enero de 2018

cuarto y mitad (ISS y Luna desde Adanero)

vale, hay nubes pero los claros entre ellas muestran un cielo cristalino. Claro que… eso por aquí, en Madrid.
No sé si arriesgarme. Son, algo más de 100 km, 200 y pico teniendo pensado volver. Después de consultar webcams de la zona y las previsiones, la cosa no pinta bien. ¿Qué hago? ¿merece la pena? ¿la foto merece la pena?. Bueno… eso contando que haya foto. Ya se sabe que aunque es una ciencia cierta, no siempre se acierta.
Lo voy a microconsultar con la almohada.

Mierda!!! me quedé sopa… ¿Da tiempo aún? Sí… no… creo que sí, aunque no llegaré al vídeo. Joder, está lejos ¿qué hago? ¿ y si hay nubes?

Estoy cansado, son muchos kilómetros y lo que se dice suerte, no sé de que va eso.

Venga!!! échale huevos!!!! a cargarlo todo; tres viajes al coche a trompicones con maletines, mochilas, más cuarto y mitad de legañas y esa tontería que tienen los sonámbulos y borrachos. 
¿Está todo? 
Sí. Arrancamos.

Aquí está. Ya llegó. Joder, mariposas cual enamorad@ escuchando a Pablo Alborán. Es posible que sea esta la sensación, sin la música por supuesto, la que me motiva y no la foto. 
Venga que voy muy justo y aún tengo que subir por el Puerto del León, ya que no me puedo permitir pagar el ladronicio del peaje para empresas privadas sin quitanieves, me lo reservo para echar combustible; que es como una inversión para crear más y mejores carreteras.

¿Dónde está el gasolinero? joder, la estación parece una escena de Walking Dead pero con electricidad. El tío no aparece y tengo que seguir ¡qué no llego!
UFFFF
¿lo estarán atracanco? Miro el plasma con las cámaras de vigilancia interior a través de la ventana de la caja, pero no veo ni rastro de vida. Me asaltan escenas y fotogramas de Tarantino; ensangrentado por las ostias recibidas, alguna posible amputacion y amordazado detrás de la máquina de café. Mientras dos maromos armadados, esperan a que me vaya para seguir robándolo todo.
¿Qué hago? Toca esperar, no quiero irme con esta angustia.

Ahhh…por fin… aparece. 
Aquí viene, algo descamisado. No parece un ladrón disfrazado y, si es el operario, solo vislumbra la coacción de tener que sacar para la letra. Es posible que venga de machacársela; la soledad nocturna y los efluvios de la gasolina, le habrán jugado una mala pasada. O puede ser uno de esos apretones post dieta navideña sin la previsión de haber cambiado el rollo. Qué más da: 

––ponme cuarto y mitad de diesel amigo, que ya me encargo de hacer yo tu trabajo a pesar de no tener carnet de manipulador.
Me la piro cual vampiro!!!!

Mira mi billete a trasluz y le pasa la uñita por su holograma y banda magnética; algo que yo suelo emular con el/los billete/s de vuelta, para decirle que es falso y me lo cambie. Suelen defenderse diciendo que no son billetes falsos (la verdad), a lo que respondo que no habrá problema en cambiármelos por otros entonces. Pero casi siempre se quedan con la duda siendo una forma de autodefensa y de tocarle un poco la moral a todos esos cajeros que suele desconfiar de mi papel moneda. Me parece una falta de educación y ética, exceptuando los rastros y mercadillos, ya que existen máquinas para detectar billetes falsos sin tener que poner al cliente en evidencia, ni en el escarnio cuando hay largas colas de espera, que no era el caso.
 No tengo tiempo para gilipolleces, otro día.

Lleno el depósito  con ese cuarto y mitad a trompicones por los gases y prosigo.

PI,PI,Pi… 3.1415 y cuarto y mitad, es la batería del móvil. Donde llevo los datos del tránsito. Mejor pasarlos a papel antes de que se muera, no vaya a ser... 
Por cierto, también estoy sin datos… ¡otra vez mi hija!.
Por cierto, ahora que recuerdo, ¡no he puesto el reloj en hora!.
Por cierto, ¡quién cojones me mandaría meterme en estos fregados!.

Como un zombie en busca de cerebros, prosigo mi viajecito y a ver que se me ocurre. Poner un reloj, exactamente en hora, tampoco tiene que ser tan difícil con la tecnología actual.

 Ocultar y negar la realidad, cuando claramente todo apunta al fracaso, es una de las cosas que he descubierto últimamente. Uno de esos grandes valores que no te enseñan en la escuela y, por eso mismo, he tenido que aprender de los gobernantes de nuestro país. Personajes todos ellos muy duchos en ciertas materias, que saben ducharse como nadie, cuando les salpica.
 Nunca flaquees, a pesar de que todo el mundo se haya dado cuenta de tu incompetencia. 
Cabeza bien alta; cual techo de teja vana. Es como mejor curan los chorizos.
Y, sobre todo… nunca, bajo ningún concepto, reconozcas tus errores.

Si a ellos les sigue funcionando en tantos años de malversación transición, es posible que para un tránsito también me pueda valer.

Joder, todavía sigo medio dormido.


––hola hija, me has dejado sin datos otra vez. Mira que te avisé que me dejes algo para estas ocasiones.
––(disculpas, disculpas, disculpas)
––¿qué hago ahora? estoy de camino y no puedo poner el reloj en hora.
––(disculpas, disculpas, disculpas)
––no, no me vale la hora del móvil, ni la del coche, ni la de la cámara. Te llamaré en un momento, cuando pueda parar y te indico. 
––(quejas, quejas, quejas)
––pues, aguantas un poco más despierta o te desactivo los datos.
––(negación, enfado, aceptación)

Así fue. En el alto de León, bajo la luz de un cielo limpio, a medio camino del eje central para el tránsito de la ISS sobre la Luna, pude hacer uso del gran avance tecnológico en el que estamos inmersos con la actual telefonía móvil.  
Mientras mi hija al otro lado del teléfono me cantaba los números que aparecían en Hora Parlante, pude sincronizar el reloj, no sin confirmarlo unas tres veces y teniendo en cuenta, posiblemente, medio segundo de retardo de telefonía.

Siguiendo la marcha, sintonicé Radio Nacional de España (la más fiable) para contrastar los pitidos horarios. Algo que me dejó más tranquilo aún sin saber si es el principio o final del último pitido de medio segundo de duración, sumado al también posible retardo de recepción de la señal en la radio del coche.

En fin, que poner el reloj en hora, tiene su aquel  sin una buena señal de internet.

Y con ese dilema, llegamos a aquel prado frío y seco de Adanero, con fuerte olor pastoso a estiercol en paladar, perfumado con urea frutal astringente de espárrago triguero en boca. 
Las nubes que no había en el viaje, se habían reunido todas justo allí y el viento hacía ondear mi cabellera sincronizada al unísono con el goteo de mocos de mi nariz. Todos eran impedimentos, pero ya estaba allí...

  Esa indescriptible sensación antes de saltar en puenting, ese tubo de ola a punto de partirse en tu espalda o aquellos instantes previos a pedir salir a la chica que te gusta. Joder, te sientes tan vivo, como desorientado montándolo todo y sigues negando la plomada de nubes creyendo que te tocará un claro. Y entre claro y claro, claro, llegó la ráfaga y en ella, a través de las nubes, un ángulo extraño en los paneles solares de la ISS.


Por cierto, el reloj, estaba con un atraso de un segundo y cuarto y mitad.