miércoles, 27 de abril de 2016

Nebulosa sobre la Capilla

Hace unos días, hablando de chatarra espacial con una amiga,  me dio por rescatar una de esas fotos que quieres mejorar antes de presumir de captura. El dejar macerar una foto a veces te muestra que esa obsesión por querer aproximarte más y más a la perfección, en ocasiones no tiene razón de ser. 
A pesar de sus miserias pese a las 15 tomas apiladas, falta de detalle, ruido atronador y no haber podido acomodar la Nebulosa de Orión donde hubiera querido… esta es una de mis capturas preferidas.

La dificultad radica básicamente en que es una foto a ciegas, donde no se ve por el telescopio ni capilla (ya que tiene que estar con sus focos apagados), ni horizonte y mucho menos la nebulosa; salvo un tenue puntito de luz de alguna estrella cercana que te sirve de guía visualmente.
Fotomontaje compuesto de 3 fotos reales para comparar tamaños

La potente luz de Viveiro es el principal impedimento, teniendo que hacer parasoles personalizados con cada una de las farolas que tienes en frente. 

Como veo muy difícil ya volverlo a intentar, me doy por satisfecho, dejando esta idea estática como aquel satélite GEO tan lejano y que desde allí volverá a reflejar la luz del Sol algún otro día.
7 tomas apiladas con movimiento estelar

sábado, 23 de abril de 2016

vacilando sobre el vacío

Fue un instante largo, sin llegar a convertirse en eterno por la brisa,
 Quizás solo un segundo o treinta de cada vez. 

     Rotando la cámara perdí la noción del espacio y me acordé de aquel que, en misión EVA, tan bien describió el vértigo cuando flotando sobre la sombra de la Tierra vio amanecer. Mi único SAFER era el degradado naranja del horizonte contaminado, repudiado en ocasiones, fue mi salvación para posicionarme en esta.
Debí disfrutarlo más, vacilar sobre el vacío y dejarme caer sumergido por aquel agradable vértigo con cuidado de no desdibujar ninguna estrella. Pero el deber era de Vías rápidas y nos fuimos, aunque no debimos.

martes, 29 de marzo de 2016

Celeiro estenopeico

Como decía en la anterior entrada, creo que nadie puede negar el encanto de la fotografía estenopeica y cuando descubres por primera vez la técnica, la cosa se hace doblemente sorprendente. 
Pensar que un simple y minúsculo orificio pueda formar una imagen parece cosa de brujería y no un apretujado capricho de la luz con sus fotones atravesándolo en fila india.
Tenía una cuenta pendiente con Celeiro y he aprovechado esta semana de nubes y santos para fotografiarlo retomando el añorado papel químico y sus bondades ortocromáticas. 
Camaleta trepidada por viento y un mal asentamiento sobre molime.
No deja de inquietar, aun viendo los avances actuales (coches, cables, arquitectura…), como este tipo de fotografía te traslada a principios del siglo pasado sin la necesidad de ninguna aparatosa máquina del tiempo y sus nefastas consecuencias. Los virados a sepia son un añadido que también ayuda, pero esa falta de definición en los bordes y su viñeta, sumado a la captura tan solo del espectro azul y verde que capta el papel a blanco y negro, tienen un noseque que difícilmente puede ser igualado con la fotografía digital. Y aunque así fuere… pues, no es lo mismo.

Con la ayuda de dos Botecam y mi Camaleta, pude realizar esta serie de mi puebliño.   
retrato realizado con Botecam

BOTECAM
Consta de un bote estanco de luz que es recomendable pintar de negro mate en su parte interior (tapa incluida), para así evitar los fuertes reflejos del metal. Se perforará con un pequeño orificio (estenope) que bien se puede hacer en el propio bote o, haciendo un orificio más grande con taladro o sierra, utilizar papel de aluminio para pegarlo desde el interior sobre este y hacer el estenope atravesando el papel de aluminio con un aguja más fácilmente. Este se tapara con un trozo de cinta adhesiva (opaca a la luz) y se destapará en el momento de hacer la foto; un obturador vamos.
La película o papel fotosensible se colocará con luz de seguridad, como es lógico, curvada por toda la estructura interior del bote con su emulsión hacia adentro con cuidado de no tapar el estenope, que es el que formará la imagen. Y hecho esto, solo queda colocarle la tapa para salir a afotar.


La forma cilíndrica del Botecam produce una deformación de la perspectiva muy peculiar que puede no gustar, pero su ventaja es que el papel quedará correctamente expuesto en su totalidad sin viñeteado. Esto es debido a que la forma curvada del papel, guarda casi la misma distancia en toda su extensión con el estenope. Digo casi, porque para guardar exactamente la misma, tendría que ser una semiesfera con el estenope justo en el centro. 

CAMALETA
He utilizado una antigua maleta de mi abuelo a la que añadí unas lengüetas para hacerla estanca a la luz, pintando su interior de negro mate. 

 En el orificio frontal acoplé una lupa para mejorar la definición, diafragmada con un pequeño orificio de medio milímetro de diámetro (f/100) lo que permite formar la imagen en su interior, quedando registrada en un papel fotosensible de 40X50cm. (ISO 5).
El revelado químico formará una imagen negativa, que luego reproduzco con la cámara reflex para positivar y subir a la web, ya que la CAMALETA carece de puerto USB aunque funcione muy bien con el Puerto de Celeiro.


Las exposiciones varían de 30 segundos a 3 minutos según la iluminación de cada escena y el obturador es una simple tapa de cartón.
La CAMALETA tampoco tiene visor ni pantalla digital con liveview, en realidad carece de casi todo, solo lo imprescindible junto con alguna polilla. 

Los HDR los realizo con un tapado (a modo de reserva) del estenope con una piruleta negra, con la que evito la sobreexposición central pudiendo dar más exposición a los bordes del papel y evitar en lo posible el viñeteado.
En principio y desde fuera la cosa puede parecer un tanto absurda, que lo es, pero no se me ocurrió nada mejor con este tiempo.




sábado, 26 de marzo de 2016

CAMALETA - cámara maleta


          Echaba de menos aquella incertidumbre del que encuadra a ojímetro y calcula la exposición correcta de memoria. Esa brutal profundidad de campo de cero a infinito y el encanto del viñeteo etenopeico cuando cuentas con ello. 

         Al igual que cualquier escalador debería hacerlo sin cuerda algún día, el motero sin casco, el trapecista sin red o el cura sin la ayuda de dios, todo fotógrafo debería plantearse un ejercicio así. Al menos una vez; sin visor, sin histogramas, sin todas esas mamonadas que tan lerdos nos acabarán por convertir. Tan solo una caja oscura con un pequeño orificio para quemar plata.

          He desempolvado la maleta de mi abuelo y, haciéndole unos pequeños ajustes, la he cargado de nuevo con unas hojas de papel fotográfico 40x50 cm. para salir en busca de una sola foto por sesión. Cuando he liberado su obturador, un simple cacho de cartón con cinta americana, la liberación ha sido plena también para mi; como esos jodidos autotrepanadores de cráneo que dicen alcanzar el Nirvana cuando se abren un boquete en su propia mollera. 


          Aunque llevaba ayudantes, no dejaba de sentirme como aquel que tan bien describió Hemingway; tan solo mi maleta y yo llegando a puerto. A o Porto de Celeiro. Lo de menos era el resultado. Fotografiar por el amor a la fotografía volviendo a las raíces de su esencia. La mágica aparición real con luces rojas de un negativo 40x50, y ese olor a fijador en las uñas.

Todo esto motivado para recuperar la forma y seguir perfeccinando la construcción de esa cámara de gran formato que tengo en mente. Un diseño que ha dado un giro inesperado que en breve mostraré.



jueves, 17 de marzo de 2016

...porque la vida continúa

                     Una marea incesante de vidas surgían de un horizonte incierto, conocedoras de su final sobre la costa, pocas se darán cuenta que solo el recuerdo de su paso perdurará en forma de resaca.



                     Mientras le hacía fotos no dejaba de pensar en aquella de un bebé que a duras penas se sostenía sentada.
Cómo un simple retrato puede marcar una época de tu vida y hacerte entender eso que tantas veces has oído en boca de viejos carcas: cómo pasa el tiempo.

                    Lo que te motiva y emociona a seguir es saber que la vida, como las olas de la playa, siempre continúa.

martes, 16 de febrero de 2016

El Norte, O Norte, The North

"Llevaba años caminando solo. 
Solo guiado por su brújula.
Exhausto, se detuvo por un instante para descubrir que el Norte sobre el que giraba todo, 
era otro muy distinto.
Sin variar su rumbo, emprendió la marcha; aún a riesgo de morir congelado."

Misco Jones
 extraído de su best seller "Anamorfy of a anocornet" 
("Anatomía de un anacoreta")

adaptación al gallego con el título "Siempre nos quedará Portugal"
"Levaba anos a velas vir.
Nunca foi ben.
Pensou que todo era chao; e sen padriño ou un cangía* que lle ladre… 
xa se sabe.
Pois no, ha de ser o que el dija. Malleira de paus, partirlle os dentes era pouco"

cangía* perro guía / del inglés can here

jueves, 4 de febrero de 2016

mi abuelo

era muy escueto, parco en palabras. Pero cada conversación con él, era un gran tutorial de esos que no comprendes en su momento y es el tiempo el que se encarga de darles forma. 

Observaba desde allá abajo como, apoyado en la cancela, se le iluminaba la cara a cada calada de Ducados. El mármol del portal era muy frío, aún en las noches de verano, pero estar en su compañía bien merecía aquella penitencia.
La Luna se reflejaba en la pizarra de la casa de enfrente y los dos la contemplábamos en silencio. Un silencio que siempre acababa por romperse con alguna de mis preguntas:


–Abuelo, ¿Por qué se mueve tan lenta la Luna?
–está lonxe.
–¿Más lejos que otros países?
–Sí.
–Pero ¿Cómo se mueve?
–Rápido 

Escueta respuesta que para nada respondía a mis inquietudes y proseguí:

–Pero ¿cómo de rápido?, ¿Más que un coche?
–Sí.
–Pero ¿Más que un coche con mil tubos de escape?

Sin entender muy bien porqué, mi concepto de velocidad le había arrancado una sonrisa. Y con ella aún en su boca respondió:

–Moito máis.

He de confesar que en aquel momento creí que mi abuelo me estaba mintiendo. 

Pero hoy, motivado por un correo esmeralda, he podido viajar al pasado del tiempo a través de la circumpolar que me ha trazado su reloj de pulsera. Aquel que una vez se le paró. Cuando dejó de predecir tormentas y siguió navegando, como siempre había hecho, guiado por el brillo de las estrellas. 

Hoy, me ha entrado una inexplicable necesidad por querer mostrarle a través de mi telescopio todo lo que él ya sabía.  Poder agradecerle así, el haber despertado en aquella y otras muchas noches esta enorme curiosidad.
Sería estupendo observar juntos, que la Luna se mueve más rápido que un coche con mil tubos de escape.